Mensajes sobre animales
Dos ratas en Hollywood están comiendo un rollo de película. Una mira a la otra y le pregunta:
- ¿Qué te parece?
Y la otra contesta con desdén:
- Me gustó mucho más el libro.
El maldito gato
Un señor odia al gato de su mujer y decide hacerlo desaparecer. Lo mete en una bolsa y lo lleva en el coche a 20 kilómetros de su casa.
Cuando vuelve, se encuentra al gato esperando en la puerta de la casa.
Nervioso, el tío repite la operación, pero ahora lo abandona a 40 kilómetros de su casa.
Cuando vuelve, el gato otra vez estaba esperándolo en la puerta de la casa.
Ahora el hombre estaba furioso; agarra el gato, lo pone en el coche y anda 10 kilómetros a la derecha, 20 a la izquierda, 30 hacia el norte, y 25 hacia el sur. Suelta el gato y emprende el regreso a casa.
Al cabo de un rato, llama a su mujer por el teléfono móvil y le dice:
- Querida, ¿el gato está por ahí?
- Acaba de llegar, ¿por qué querido?
- Dile que se ponga que me he perdido.
El escarmiento del loro
A María victoria le regalaron un loro. Era un loro adulto, con muy mal vocabulario. En cada frase que pronunciaba incluía alguna palabrota y estaba siempre de mal genio.
María Victoria trató, desde el primer día, de corregir la actitud del loro, diciéndole palabras bondadosas, tratándolo con paciencia y mucho cariño y poniéndole música relajante.
Un día María Victoria no pudo aguantar más, perdió la paciencia y metió al loro en el congelador. Durante un par de minutos escuchó los gritos del loro y el revuelo que causaba en el congelador, hasta que de pronto, se hizo el silencio. Preocupada y temerosa de haber matado al loro abrió la puerta del congelador. El loro estaba vivo, salió con mucha calma y le dijo:
-Siento mucho haberte ofendido con mi lenguaje y actitud, te pido que me disculpes y te prometo que en el futuro vigilaré mucho mis palabras y mi comportamiento.
María Victoria, sorprendida por el cambio de actitud del loro, estaba a punto de preguntarle qué es lo que le había hecho cambiar de esa manera, cuando el loro continuó:
- ¿Te puedo preguntar una cosa?
- Sí, ... ¡cómo no! -contestó María Victoria-.
- ¿Qué fue lo que te hizo el pollo?
El perrito
Un cazador se va de Safari a plena selva y se lleva a su perrito faldero. Éste va detrás de las mariposas y se adentra en la selva, perdiéndose.
De pronto, ve una pantera negra que se acerca rauda hacia él. «¿Qué hago, qué hago?» piensa el perrito. Pero en lugar de huir, da la espalda a la pantera, agarra un par de huesos del suelo, y cuando el félido está a punto de echársele encima dice: «¡Mmm, qué buena estaba la pantera que me acabo de merendar!».
La pantera asustadísima hace un derrape y sale de estampida en sentido contrario, pensando «Qué suerte he tenido, casi me come ese perro asesino».
Pero un mono que está observando desde lo alto de un árbol descubre el engaño, y va detrás de la pantera.
Cuando la alcanza, le cuenta lo ocurrido. La pantera dice: «¡Éste me las paga! Súbete a mi lomo, mono» y acto seguido echa a correr con espíritu furioso.
El perrito ve una polvareda levantándose por la selva, viniendo hacia él. Divisa la pantera a toda velocidad; sobre ella, un mono. Piensa «Vaya con el mono... ¿y ahora qué hago? ¿y ahora qué hago?» Pero en lugar de salir corriendo, se pone de espaldas a ellos, y cuando la pantera está a punto de echársele encima exclama: «¡Será lento el mono! ¡Hace media hora que lo envié a engañar a otra pantera y todavía no ha vuelto!».